Misiones

Ayudar a la niñez indígena marginada, no es una moda ni es “llamarada de petate”, sino un deber de ciudadanos; es una manera de impulsar del desarrollo en los pueblos marginados para evitar que emigren y abandonen su tierra y su familia.

Hemos enviado diversas ayudas a la zona alta del estado, región de fuertes contradicciones: por un lado, vemos la prominente producción del aguacate que le llaman “oro verde” y allí se observa la gran riqueza económica, pero el otro lado, muy triste por cierto, es la pobreza extrema en varias zonas y no existe el espíritu de servicio de los ricos hacia los pobres, además es muy clara la “explotación” a niños, jóvenes y adultos (hombres y mujeres) en su mayoría de origen indígena que trabajan bajo el sol para que las huertas de aguacate existan pero la vida de ell@s como trabajador@s, en repetidas ocasiones es ignorada, nuestra fundación sigue preocupada por esta situación, uniendo nuestra mirada en la violencia que es tan triste ver en cada rincón, nos hemos preguntado ¿dónde está la labor de los gobiernos para pacificar los pueblos? Seguimos sin respuesta, pasan trienios municipales, sexenios estatales y federales y esta región sigue siendo víctima de la mafia, ha costado sangre, pero muchos dirigentes gubernamentales viven en la opulencia sin mirar a nuestros pueblos sumidos en el sufrir.